Cuando se cumple un aniversario más del golpe de Estado que derrocó al Gobierno popular de Salvador Allende, estimamos necesario señalar cómo este acontecimiento, de tan vastas consecuencias para el país, afectó en concreto a las y los trabajadores hasta el día de hoy.  

El más antiguo modelo de relaciones laborales en Chile es el Código del Trabajo de 1931. Éste se suspendió con el golpe militar de 1973 para ser posteriormente reemplazado por el «Plan Laboral» -ideado por José Piñera (hermano del actual Presidente de la República y ex ministro del Trabajo en dictadura) durante el año 1979. Esta última modificación en materia laboral es la base del modelo actual que opera en el país.

El «Plan Laboral» era el primero de varios cambios laborales que serían llamados «las siete modernizaciones». Todo esto se enfocó en impulsar el mercado liberal, mediante un objetivo principal, que era desarticular los sindicatos. Las dos leyes que lo componían abordaban la situación particular de los sindicatos y de las negociaciones colectivas.

En la siguiente gráfica, un documento emitido por la Fundación Sol en el año 2015, «Reforma Laboral Fundación Sol ¿Pone fin al plan laboral de la dictadura o lo consolida?«, aclara los puntos en los que la dictadura liquidó los derechos de los trabajadores.

Este 11 de septiembre se cumple un año más del golpe militar que acabó con el Gobierno del expresidente Allende, de los bombardeos a La Moneda, y del ascenso del dictador Augusto Pinochet, quien fuera denominado tiempo después presidente de facto, pero los delitos de lesa humanidad que se cometieron, las más de 40.000 víctimas -asesinadas y desaparecidas- y las injusticias que siguen calando hondo en cada chileno siguen presentes. Se manifiestan en cada ley que nació en la dictadura y que siguen vigentes en perjuicio de los ciudadanos, en cada injusticia que se comete contra el pueblo y que queda impune, en la brutalidad policial que debería proteger a quien se manifiesta y no reprimirlo.

Todo este escenario se profundizó con la entrada de las AFP, que vino a reemplazar el antiguo sistema de reparto de pensiones, por uno de carácter individual, administrado por un ente privado que invierte los fondos de las y los trabajadores en la banca y en las grandes empresas, especulando con estos recursos. 

Si a eso le sumamos el carácter privado de la salud y la educación, tenemos una triste herencia que las y los trabajadores recibimos de la dictadura militar y neoliberal, cuyo inicio conmemoramos hoy.