De acuerdo a los datos entregados por la encuesta de CASEN del año 2017 (realizada entre noviembre de 2017 y febrero de 2018) los investigadores de dicha organización, Gonzalo Durán y Marco Kremerman elaboraron un documento en el que se detalla la situación crítica en la que se encuentra el país.

En la primera parte del estudio se señala que «considerando los promedios, los trabajadores chilenos perciben $516.892 líquidos al mes por concepto de ingresos asociados a la ocupación principal. Sin embargo, al inspeccionar la mediana, esto es, el umbral máximo alcanzado por la mitad de los trabajadores, los datos de la CASEN 2017 la ubican en sólo $350.000 líquidos mensuales. Dicho de otro modo, la mitad de los trabajadores en Chile percibe menos de $350.000 líquidos».

En esta misma línea, conversamos con uno de los realizadores de este estudio, el economista Marco Kremerman, quien nos entregó múltiples y decidores puntos de vista frente a estas cifras, señalando en parte, que «la gran diferencia económica que existe en la población se da fundamentalmente porque los dueños del capital que se concentran entre el 5 y el 1 % más rico de la población tienen toda una estructura que favorece sus procesos de acumulación. Hoy el 1 % más rico concentra el 33% de los ingresos del año, – de la torta- y al mismo tiempo el 50 % de los trabajadores en Chile gana menos de $350 mil líquidos. Cuando 1.800 personas en Chile están viviendo con un ingreso mensual per cápita en ese hogar superior a los $550 millones al mes, se genera mucha riqueza, y esa riqueza se concentra entre muy pocas manos y al mismo tiempo esa riqueza se genera a costa de los mismos trabajadores que para llegar a fin de mes tienen que casi obligatoriamente recurrir a 2 o 3 tipos de trabajos por hogar además del endeudamiento por un porcentaje importante de familias. Por tanto, es el capital el que acumula a costa del trabajo y esto genera esta brecha excesiva de riqueza en un pequeño grupo de la población y vulnerabilidad, pobreza, indefensión, y bajos salarios en el grueso de la población.

Otro de los datos importantes que señala este estudio es que en Chile, sigue existiendo una brecha salarial entre hombres y mujeres. Por ejemplo, en uno de los recuadros se señala una media de diferencia de 80 mil pesos.

Kremerman se refirió a dicha brecha y señaló que esta existe porque «los trabajos que realiza la mujer en el país están orientados a actividades reproductivas y domésticas, así es como nos organizamos como sociedad de manera discriminatoria. Estas labores son menos remuneradas que otros sectores. Al mismo tiempo esta brecha se da por un efecto neto de la discriminación, no hay un estudio que nos permita medir con exactitud cuál es el efecto de esta discriminación, pero al menos algunos estudios de la Fundación Sol nos permiten aproximar dicho efecto dando cuenta que efectivamente ante el mismo nivel de educación, misma competencia, misma rama productiva, mismo territorio donde se trabaja, a una mujer le pagan menos que a un hombre».

Al ser consultado por las políticas públicas que se pueden implementar para mejorar esta situación, Kremerman respondió que «hay algunas que al menos permiten revertir parcialmente estos niveles de desigualdad. En primer lugar, un salario mínimo que al menos permita que un grupo familiar pueda salir de la pobreza que en términos concretos según los mismos parámetros que el Estado fija sería llevarlo en el corto plazo de $300 mil a $450 mil, pero en dos años más será sobre $450 mil para un hogar promedio. En segundo lugar, tener un modelo de relaciones laborales que efectivamente nivele en algún porcentaje las enormes asimetrías de poder que históricamente se dan entre capital y trabajo. Esto quiere decir que en Chile se permita que la negociación colectiva se lleve a cabo más allá de la empresa, por rama o actividad económica, por sector, que la huelga efectivamente paralice, que sea un derecho propiamente tal y que el sindicato sea el titular a la hora de conseguir derechos colectivos y no se permita que grupos negociadores también puedan disputar esa posibilidad dentro de una empresa.

Por último, al ser consultado sobre si esta situación se puede revertir realmente en el país o si ello sería utópico, Kremerman es enfático en señalar que «sin duda hay una discusión mayor que tiene que ver con nuestra matriz productiva. Dicha matriz, de la cual se han favorecido los grandes grupos económicos chilenos en las últimas décadas, es una matriz que genera poco valor agregado, que no necesita trabajo calificado, que paga mal, que se beneficia de un sistema tributario «pro-rico» y de la legislación laboral, previsional, que usa las cotizaciones de los trabajadores a través de las AFP para acumular y por tanto sería muy importante generar una matriz distinta con incentivos distintos que democraticen la economía y que permitan la generación de empleos de mayor calidad, que se mantengan en el tiempo y que doten de mayor poder a los trabajadores y a las instancias productivas, que vayan más allá de la lógica clásica del capital en empresas pequeñas, cooperativas entre otros aspectos. Que esta situación realmente se pueda revertir o no, es muy difícil sin duda en un país como Chile que es tan extremo en procesos de acumulación de capital como se ha desencadenado en las últimas décadas a nivel mundial, pero sin duda como todas las cosas, depende de la organización y movilización de quienes padecen estas enormes diferencias que hay en la sociedad que son los trabajadores en Chile y las familias chilenas, en la medida que exista mayor concientización, mayor conciencia de clase, mayor información y que las personas nos organicemos para revertir esa situación, va a ser mucho más probable que existan cambios en Chile porque los cambios no van a venir por convicción de las clases que gobiernan ni de las autoridades, sino que va a venir por contener a los movimientos sociales como ha sido históricamente las conquistas que se han llevado a cabo tanto en el ámbito laboral, seguridad social, educación y vivienda. Siempre las reformas se llevan a cabo para contener a aquellos grupos que luchan por un buen vivir, por una mejor forma de organizar la sociedad.

El documento señala finalmente que «quienes viven de la venta de su fuerza de trabajo no gozan ampliamente de los frutos que generan con su esfuerzo cotidiano y es probable que ello sea el resultado de la situación de despojo y no reconocimiento del valor producido que ejercen los sectores sociales dominantes».

Revisa el estudio completo en este link:

Los bajos salarios de Chile (2019)